Los cuatro fondos que controlan la mayor parte del capital de Celsa han pedido al consejo de administración que explore cómo desinvertir en la siderúrgica. Entre las alternativas planteadas figuran una venta, una fusión o una salida a Bolsa. Por ahora no se ha elegido ninguna vía ni se ha fijado un calendario: se trata del inicio de un proceso, no de una operación cerrada.
El presidente de Celsa, Rafael Vilaseca, explicó la decisión junto al consejero delegado, Jordi Cazorla, al presentar los resultados del primer semestre de 2026. Según las informaciones disponibles, los fondos principales —SVP, Attestor, Golden Tree y Cross Ocean— reúnen alrededor del 98% del capital y buscan coordinar su salida.
La decisión llega tras la reestructuración
El movimiento se produce después de que la empresa completara una profunda reestructuración financiera y operativa. Los fondos llegaron al control de Celsa tras un proceso judicial que convirtió parte de la deuda en acciones y desplazó de la propiedad a la familia fundadora. Desde entonces, el grupo redujo deuda y vendió sus negocios en Reino Unido y los países nórdicos, entre otras medidas.
Celsa comunicó un beneficio neto de 50,7 millones de euros en el primer semestre de 2026, frente a pérdidas en el periodo comparable del año anterior, y unos ingresos de 1.786 millones de euros. La compañía situó su deuda neta en 1.134 millones de euros y su ratio de apalancamiento en 2,3 veces, según las cifras publicadas. Estos datos aportan contexto al proceso, pero no determinan por sí solos el valor de una eventual transacción: los directivos no concretaron una valoración de la empresa.
Las alternativas siguen abiertas
Vilaseca señaló que se están estudiando tanto una posible operación corporativa como una salida al mercado bursátil, y que todavía no están decididos ni el formato ni los plazos. La elección dependerá de las oportunidades que aparezcan y de factores como el precio y la estabilidad accionarial que pueda resultar. La empresa prevé analizar las opciones con asesores; las coberturas informan que todavía no se habían contratado formalmente.
Los fondos pretenden desinvertir de forma coordinada. Aunque se ha mencionado la posibilidad de vender por separado el negocio polaco, esa opción no equivale a una decisión de fragmentar el grupo: la operación principal se plantea sobre el conjunto de Celsa y no hay una estructura final anunciada. La salida a Bolsa también presenta una diferencia práctica: según Vilaseca, difícilmente permitiría que los accionistas vendieran el 100% de la compañía de una sola vez.
El proceso puede estar sujeto a revisión pública
Celsa ha informado al Gobierno del inicio del proceso. La compañía ha señalado que, si el eventual comprador fuera de fuera de la Unión Europea, la operación tendría que pasar por el Comité de Inversiones Estratégicas, dependiente del Ministerio de Economía. El alcance de esa revisión dependerá de la identidad del comprador y de las condiciones concretas de la operación; no se ha anunciado ningún inversor ni acuerdo.
En particular, Vilaseca negó que Celsa hubiera mantenido contactos con Jindal Steel, conglomerado indio cuyo nombre había aparecido en informaciones sobre posibles interesados. Por tanto, su mención no acredita una negociación en curso.
La siguiente etapa será evaluar las opciones disponibles y las condiciones del mercado. Hasta que los accionistas y el consejo comuniquen una decisión, la venta, la fusión y la salida a Bolsa siguen siendo posibilidades, no compromisos ni resultados asegurados.