El resultado de la primera vuelta de las elecciones brasileñas dio un impulso inmediato a los mercados. Flávio Bolsonaro, senador y candidato del Partido Liberal, obtuvo el 47,03 % de los votos válidos, frente al 45,16 % del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, según los resultados citados por Finect. Ninguno alcanzó la mayoría necesaria para ganar en primera vuelta, por lo que ambos se enfrentarán en la segunda el 25 de octubre de 2026.
La reacción refleja una expectativa, no una política económica ya definida: parte de los inversores considera que una presidencia de Bolsonaro tendría más disposición a contener el déficit y estabilizar las cuentas públicas. Por ahora, el mercado le concede el beneficio de la duda.
Suben los activos y cae el coste de financiación
Bloomberg informó de que el real brasileño llegó a apreciarse un 3 % en la apertura de São Paulo y de que el ETF iShares MSCI Brazil avanzó un 15 % en las operaciones previas a la apertura en Nueva York. Finect también recogió una subida cercana al 4 % de los futuros del real en Chicago, aunque las variaciones corresponden a mercados y momentos de negociación distintos.
La respuesta no se limitó a las divisas y las acciones. Estadão señaló que bajaron los tipos de interés de plazos relevantes para la deuda pública, lo que abarata al Tesoro la emisión de nueva financiación. El artículo no cuantifica esa caída. El movimiento supone un alivio inmediato para el coste de endeudamiento del Estado, pero no demuestra que la trayectoria de la deuda haya cambiado de forma duradera.
Los inversores también interpretaron favorablemente el avance de candidatos de derecha y centro-derecha en otros niveles de gobierno. Para los gestores citados por Bloomberg y Finect, el resultado podría facilitar la gobernabilidad y una agenda económica más favorable a la consolidación fiscal. Se trata de una lectura sobre el posible equilibrio político, no de una garantía de que el Congreso vaya a aprobar medidas concretas.
La expectativa fiscal aún no tiene un programa cerrado
El principal motivo de cautela es que Flávio Bolsonaro no había presentado, según las coberturas, un plan fiscal detallado. Los mercados esperan que un eventual Gobierno proponga medidas para contener el desequilibrio de las cuentas públicas, pero las previsiones sobre sus intenciones no equivalen a compromisos aprobados o ejecutados.
Fernando Dantas, columnista de Estadão, plantea que la continuidad de la buena acogida dependería de tres factores: los nombramientos de la futura área económica, la credibilidad de un programa de ajuste y la capacidad de reunir apoyos suficientes en el Congreso. También advierte de las dificultades políticas de impulsar medidas impopulares. Es un análisis de opinión sobre las condiciones para sostener la confianza, no una constatación de que esas decisiones se hayan tomado.
Las gestoras citadas por Finect expresan una cautela similar. Thierry Larose, de Vontobel, dijo que los activos podrían seguir beneficiándose si se anuncian pronto medidas fiscales creíbles y con respaldo institucional. Thomas Haugaard, de Janus Henderson, señaló que la posibilidad de estabilizar la calificación crediticia dependería de una victoria de Bolsonaro y que habría más claridad una vez conocido el resultado de la segunda vuelta.
La advertencia vale también para la reacción inmediata: una decepción en materia fiscal podría acortar el periodo de optimismo. Diego Barnuevo, de Ebury, recordó que la deuda pública brasileña supera el 82 % del PIB y recogió la preocupación por la falta de concreción de los anuncios fiscales. El dato aporta contexto sobre el desafío, pero no permite atribuir por sí solo los movimientos diarios de los mercados a una única causa.
Qué observar hasta la segunda vuelta
Hasta el 25 de octubre, las cotizaciones podrían seguir respondiendo a cambios en las expectativas electorales, como anticipan las fuentes. Después, si Bolsonaro gana, la atención de los inversores se desplazaría de las expectativas a las decisiones: quién integraría el equipo económico, qué medidas se propondrían y con qué respaldo legislativo. Si gana Lula, el mercado también tendría que ajustar sus previsiones a ese resultado.
Por tanto, el repunte observado describe una reacción a un nuevo escenario político, no una garantía de rentabilidad futura ni una confirmación de que Brasil vaya a reducir su déficit o su deuda. La segunda vuelta y la concreción de la política fiscal serán determinantes para evaluar si el beneficio de la duda se transforma en confianza sostenida.