El avance de Flávio Bolsonaro sobre Luiz Inácio Lula da Silva en la primera vuelta de las elecciones brasileñas ha reavivado las apuestas por un giro económico favorable al mercado. El senador obtuvo el 47% de los votos, frente al 45% del presidente, según las coberturas consultadas. La segunda vuelta está prevista para el 25 de octubre: hasta entonces, el cambio de orientación económica sigue siendo un escenario posible, no una política decidida ni aplicada.
La reacción inicial de los mercados fue positiva. Cinco Días informó de una subida del 8% del índice Bovespa, una caída de los futuros sobre tipos de interés y una apreciación del 4% del real frente al dólar tras el resultado. Esos movimientos reflejan expectativas de los inversores, pero no demuestran que el próximo Gobierno vaya a poder cumplir sus propuestas.
Un ajuste anunciado, pero todavía sin un plan completo
Bolsonaro ha planteado un ajuste equivalente al 1,5% del PIB en los primeros 18 meses de mandato. Entre las vías mencionadas figuran la venta de activos, las privatizaciones, límites más estrictos al crecimiento del gasto y una revisión de las exenciones fiscales. También ha hablado de reducir la burocracia y los impuestos. Las coberturas, sin embargo, señalan que la campaña no ha precisado qué partidas recortaría ni qué beneficios fiscales revisaría.
La dificultad está en la composición del presupuesto. Según el análisis de Reuters Breakingviews publicado por Cinco Días, el gasto discrecional representa menos del 2% del PIB, mientras que una parte importante del presupuesto está comprometida con prestaciones, pensiones y salarios públicos. Ese margen acotado puede complicar un ajuste basado en recortes y exponer al Gobierno a costes políticos si afecta a partidas sensibles.
Las estimaciones sobre el esfuerzo fiscal necesario tampoco son uniformes. Reuters Breakingviews recoge cálculos según los cuales, con los tipos vigentes, haría falta un superávit primario del 4% al 6% del PIB para estabilizar la deuda; otra cobertura cita a un consultor que considera necesario alcanzar entre el 2% y el 3% el primer año. Son cálculos y opiniones atribuidos a sus respectivas fuentes, no un objetivo oficial compartido. En ambos casos, la distancia entre las metas fiscales y la capacidad de ejecutarlas es una de las incertidumbres centrales.
La confianza del mercado dependería también del equipo económico
El resultado electoral amplió el interés por posibles integrantes del equipo de Bolsonaro. Bloomberg Línea informó de que entre los nombres que se barajaban figuraban Marcelo Kayath, Mansueto Almeida, Roberto Campos Neto y Alexandre Bettamio. La información se basaba en fuentes anónimas familiarizadas con conversaciones confidenciales; no equivalía a nombramientos confirmados.
La reputación financiera de un eventual ministro podría influir en la percepción de los inversores, pero no bastaría por sí sola para resolver el desafío presupuestario. Adriana Dupita, economista de Bloomberg Economics citada por Bloomberg Línea, señaló que un nombre con credibilidad en los mercados podría reforzar el repunte de los activos si Bolsonaro ganara. También advirtió que a la campaña le faltaban propuestas viables para el ajuste y que sería importante combinar experiencia de mercado con conocimiento del sector público y del Congreso.
El giro promercado tendría costes y límites
Un Gobierno de Bolsonaro podría priorizar una consolidación fiscal más rápida mediante recortes del gasto, según los escenarios de Oxford Economics recogidos por Revista Mercado. La consultora plantea que esa ruta podría mejorar inicialmente la percepción de los mercados y abrir espacio para revertir algunos aumentos de impuestos. Pero también advierte de un posible coste para la actividad económica, incluida la posibilidad de una breve recesión durante la fase inicial del ajuste. Se trata de un escenario de consultora, no de un resultado asegurado.
El debate no se limita al tamaño del recorte. Si el gasto bajara menos de lo previsto y las reducciones de impuestos no estuvieran compensadas por ahorros, el déficit podría aumentar, encarecer la financiación y dificultar el control de la inflación, advierte Reuters Breakingviews. En sentido contrario, un ajuste rápido también podría enfriar la actividad. La combinación concreta de medidas y su aprobación política determinarían buena parte de esos efectos.
Las coberturas también apuntan a un posible mayor acercamiento político de Brasil a Estados Unidos y a gobiernos de derecha de la región. Thomas Haugaard, de Janus Henderson, interpretó el resultado como una señal de una demanda más amplia de cambio político. Gustavo Pérego, de ABECEB, consideró que una victoria de Bolsonaro podría aumentar la afinidad con el Gobierno argentino de Javier Milei, aunque observó que el comercio bilateral responde también a vínculos productivos, como el intercambio automotor. Estas son valoraciones sobre posibles cambios de orientación, no prueba de que las relaciones comerciales vayan a alterarse.
Por ahora, la señal electoral ha sido suficiente para mover los activos, pero no para despejar las dudas fiscales. El desenlace de la segunda vuelta, la composición del equipo económico y, sobre todo, los detalles y la viabilidad legislativa de cualquier ajuste serán determinantes para saber si el optimismo de mercado se traduce en una política económica ejecutable.