Rusia está utilizando cada vez más drones de ataque con motores a reacción, más rápidos que los modelos de hélice empleados anteriormente. El cambio está presionando las defensas ucranianas y ha abierto una nueva línea de desarrollo para empresas de defensa de Ucrania, Europa y Estados Unidos: interceptores que no solo detecten estas aeronaves, sino que puedan alcanzarlas en vuelo.
El desafío resulta relevante para las empresas porque combina innovación acelerada, necesidades urgentes de adquisición y una tecnología sometida a prueba en condiciones de combate. Sin embargo, las capacidades y los resultados descritos por militares, funcionarios y fabricantes no equivalen por sí solos a una evaluación independiente de cada sistema.
Más velocidad, menos margen para responder
Según Business Insider, el Geran-5, el modelo más reciente de esta familia rusa, puede alcanzar unas 375 millas por hora (alrededor de 600 kilómetros por hora). El País también sitúa su velocidad máxima en torno a los 600 kilómetros por hora. Estas aeronaves, de fuselaje estrecho y motor turborreactor, se parecen visualmente a misiles de crucero, aunque se clasifican como drones.
La diferencia de velocidad reduce el tiempo disponible para detectar, seguir e interceptar el objetivo. También obliga a revisar sistemas concebidos inicialmente para frenar drones más lentos y propulsados por hélice. De acuerdo con Business Insider, algunas unidades ucranianas ya han adaptado sus interceptores y han derribado varios Geran-5, pero las defensas siguen enfrentándose a una mayor proporción de amenazas a reacción.
Las cifras de actividad y eficacia varían según la fuente y el periodo citado. La Fuerza Aérea ucraniana informó, según El País y Business Insider, de 2.800 drones de ataque a reacción lanzados en agosto, frente a 350 en junio. El presidente Volodímir Zelenski dijo que Ucrania derribó el 55% de esos drones en septiembre; El País recoge una estimación ucraniana de interceptación de hasta el 60%. Para los modelos de hélice, responsables ucranianos habían situado regularmente la tasa por encima del 90%. Son datos atribuidos a autoridades ucranianas, no mediciones verificadas de forma independiente en los documentos disponibles.
Interceptores más rápidos, dentro y fuera de Ucrania
Fabricantes ucranianos que desarrollaron una primera generación de interceptores trabajan ahora en versiones más rápidas. Business Insider identifica, entre otros, el Sting S, de Wild Hornets, y el P1-SUN JetKiller, de SkyFall, y señala que ambos han registrado derribos en combate. Valerii Zarubin, director ejecutivo de BlueBird Tech, empresa ucraniana que desarrolla un interceptor a reacción, resumió el reto como una adaptación necesaria a la propulsión y velocidad de las nuevas amenazas.
La actividad también se extiende a compañías occidentales. La francesa Alta Ares desarrolló un interceptor para drones a reacción después de que el Centro Conjunto de Análisis, Formación y Educación OTAN-Ucrania identificara la posibilidad de una brecha defensiva. El coronel ucraniano Volodymyr Gordiienko, responsable de una rama de diseño de programas del centro, describió el trabajo como una solución prometedora en desarrollo y defendió anticiparse a las amenazas en lugar de esperar a que la brecha se materialice.
En Europa, la lituana Granta Autonomy estudia una versión a reacción de su interceptor actual; la checa LPP Holding trabaja para aumentar la velocidad de su sistema JWI-4000, y la alemana Tytan Technologies desarrolla un interceptor a reacción destinado a cubrir distancias mayores y operar a más velocidad. En Estados Unidos, Perseus Defense está diseñando un modelo más potente para combatir drones a reacción. Su consejero delegado, Jason Cornelius, sostiene que el interceptor debe superar en velocidad al objetivo, no limitarse a igualarlo. La empresa planea probar un prototipo antes de que termine el año, según Business Insider.
De la innovación al suministro
El reto no se limita a construir un aparato más veloz. También exige comprobar su eficacia, integrarlo en las defensas existentes y producirlo en cantidades suficientes. En Ucrania, Zelenski ha dicho que 60 empresas locales trabajan en interceptores. A la vez, el analista militar ucraniano Oleksandr Kovalenko ha advertido, en declaraciones recogidas por El País, que los medios disponibles —entre ellos misiles de corto alcance y sistemas portátiles de defensa antiaérea— son escasos para cubrir todo el espacio aéreo.
Los gobiernos occidentales empiezan a trasladar el interés tecnológico a sus procesos de adquisición. Luke Pollard, ministro británico de Preparación e Industria de Defensa, ha calificado los interceptores más rápidos como una prioridad para los próximos años. El teniente coronel Matt Keogh, encargado de adquirir tecnología de drones para el Ejército británico, explicó que el programa Rapstone contempla la compra de interceptores y que el ministerio estudia modelos a reacción. Según Business Insider, el programa busca soluciones de la industria británica y esperaba decidir una adquisición antes de terminar el año.
La expansión de esta tecnología plantea una oportunidad para proveedores, pero también incertidumbres propias de un mercado de defensa en rápida evolución: las especificaciones deben responder a amenazas que cambian, y las pruebas, decisiones de compra y despliegues no garantizan por sí mismos resultados operativos. El teniente coronel estadounidense Adam Scher, portavoz de la Fuerza de Tarea Conjunta Interinstitucional 401, señaló que el desarrollo debería atender a los principios físicos del vuelo y no depender únicamente de la modalidad de control de un dron. La idea apunta a diseñar capacidades que sigan siendo útiles a medida que evolucionan los modelos de aeronave.
La carrera, por tanto, no enfrenta solo a fabricantes de drones y de interceptores. También pone a prueba la capacidad de gobiernos y fuerzas armadas para detectar cambios con rapidez, validar soluciones y convertir prototipos en sistemas disponibles. En un entorno donde la velocidad y el volumen de los ataques pueden cambiar en pocos meses, esa capacidad de adaptación será tan importante como el rendimiento anunciado de cada interceptor.